burundanga(México DF, México, Agencia EPS) Terribles momentos debió vivir una joven que sufrió varios intentos de secuestro. Según consta en la denuncia, durante un viaje en Uber Pool (modalidad de viaje compartido con usuarios desconocidos, da miedo de sólo pensarlo), la muchacha fue sometida a varios intentos por drogarla para posteriormente secuestrarla y robarle los órganos, como todo el mundo sabe. La valiente actitud del chofer de Uber impidió que tales propósitos se concretaran, trasladando a la víctima a un centro asistencial y luego al destacamento policial para radicar la denuncia. Los posibles agresores descendieron del vehículo antes de llegar al local policial.

En una carta de agradecimiento por la colaboración recibida por el chofer de Uber a la que pudimos acceder, la joven narró el calvario que le tocó vivir durante el viaje: "subí al Uber Pool con otros dos pasajeros, además del chofer. No había transcurrido ni una cuadra del viaje, cuando la señora que estaba a mi lado (de aspecto perfectamente normal, no como el otro que era negro) me ofreció un chicle con tatuaje. Como yo ya sé, por Facebook, que esos tatuajes traen droga, le agradecí pero me negué. A los dos minutos me ofrece un caramelo y una botella de agua ya destapada. Obviamente por la misma razón no los acepté, pero en ese momento noté que en el bolsillo interior de la chaqueta tenía una jeringa con un líquido rojo, que seguramente era sangre con SIDA. Volví a mirar, porque no lo podía creer, y ahí pude ver la hielera que tenía al lado, seguramente para mantener los órganos después de la extracción. Al ver que yo no reaccionaba, la mujer insistió y me pidió si le podía mandar un mensaje a una amiga avisándole que iba en camino, mientras sacaba el celular de una bolsa Ziploc con una pinza y me lo alcanzaba. Yo no lo toqué porque había escuchado los testimonios que mandan, desde hace meses, por WhatsApp (a pesar de tener yo los guantes de construcción puestos). Ahí me empecé a sentir mareada, con náuseas y le hice la seña al conductor (por el espejo retrovisor) de que me habían hecho la de la droga (aunque no sé cuál de ellas). El chofer me contesta, también por señas, que me quede tranquila y que vamos derecho para el destacamento policial. En el primer semáforo en rojo, la persona y el negro se bajaron inmediatamente del auto, porque descubrieron que yo me había dado cuenta de su intención, y se subieron a una camioneta negra con vidrios oscuros que estaba al lado. En ese momento el chofer de Uber, un verdadero héroe, me tranquilizó y me llevó a un hospital para que me atendieran y al destacamento policial para hacer la denuncia".

Hasta el cierre de este artículo, ni la víctima ni el chofer de Uber quisieron hacer declaraciones sobre el tema ni aclarar para qué diablos servirían los órganos si le pensaban clavar una jeringa con SIDA.

Seguiremos informando.


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