payasoCuando todo parecía indicar (tras la mala experiencia del primer caso uruguayo) que la moda de los payasos diabólicos ya había llegado rápidamente a su fin, el destino nos tenía deparada una sorpresa: no sólo apareció un nuevo caso sino que, además, ocurrió nuevamente en el departamento de Durazno (más concretamente en la localidad de Carlos Reyles, lugar también conocido como Molles). En esta oportunidad, a diferencia del caso anterior, la repercusión en redes sociales fue nula y el pueblo de menos de mil habitantes casi ni llegó a enterarse de su presencia (y mucho menos asustarse). Gracias a un mail enviado por el propio payaso a nuestra redacción logramos acceder a él y realizarle una pequeña entrevista.

(Es oportuno aclarar que, para mantener el anonimato, el entrevistado estuvo en todo momento con el disfraz de payaso puesto y con su voz distorsionada)

Librumface – ¿Vos también te estabas preparando para Halloween?

Payaso diabólico – No, ningún Halloween. Yo salí cuatro días seguidos a la estación (de tren) del pueblo a espantar gente en serio, igual que el de la capital que después se cagó hasta las patas y terminó haciendo el cuentito de la producción de fotos. ¡Cómo te ablandan las grandes ciudades!

Librum – Contanos, ¿cómo te fue?

Payaso – Un desastre. El primer día no encontré a nadie, estuve tres horas sentado esperando y no pasó ni la Onda (risas). La segunda vez me fue mejor porque arranqué más temprano...

Librum – ¿A qué hora?

Payaso – A las 4 de la tarde. Lo que pasa es que el pueblo es chico y de noche no funcionan ni las luces de la plaza. Bueno, te decía, a eso de las 4 y media apareció Nélida (la del puesto de verduras). Y ahí arranqué a los gritos pelados hacia ella... hasta que me paró y me dijo: “Juan Carlos, ¿vos estás bien?”

Librum – ¿Te descubrió?

Payaso – Es lo que tiene el pueblo chico... y el disfraz, porque fue el mismo que usé para el cumpleaños del gurí del medio de Nélida. Me sacó enseguida.

Librum – Igual no bajaste los brazos.

Payaso – ¿Estás loco? Mirá si me iba a tomar todo este trabajo de producción para irme invicto. Dos noches más lo intenté. Un borracho y un perro conseguí. El perro se asustó.

Librum – Un desastre...

Payaso – Pero mirá que no termina acá. Cuando vi que la cosa no funcionaba aposté a las redes sociales y la viralización. Subí unas selfies a Instagram y Facebook, las mandé por WhatsApp, todas con el cartel de la estación de tren atrás para que supiera que era el payaso diabólico de Molles.

Librum – ¿Y cómo te fue ahí?

Payaso – Bastante bien. Tuve ocho Me Gusta en Facebook.

Librum – ¿Qué se puede esperar, de aquí en más, del payaso diabólico de Molles?

Payaso – Ah, yo creo que es una etapa superada de mi vida, ya cumplí un ciclo y hay que madurar. O reinventarse; pensé en probar disfrazarme de mimo diabólico, pero no estoy muy seguro de hacerlo porque acá son todos graciosos y no va a faltar el guarango que arranque con un “vení que preciso un mimo” o algo así. No sé.

Librum – Bueno, sea cual sea tu nuevo emprendimiento, mucha suerte.

Payaso – Gracias... ¡Buh!

Librum – ¿Nos quisiste asustar?

Payaso – Fue la intención, sí. ¿Cómo me fue?

Librum – Mal.

Seguiremos informando.


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