torta frita

(Mercedes, provincia de Buenos Aires, Agencia EPS) El gobierno y los casi sesenta mil habitantes de la ciudad de Mercedes, ubicada al noreste de la provincia de Buenos Aires, se encuentran codo con codo detrás de una única consigna: impugnar el récord obtenido por la ciudad de Durazno (Uruguay) de elaboración de la torta frita más grande del mundo. Los mercedinos no están dispuestos a ceder su primer puesto a los duraznenses, porque entienden que hubo graves errores de procedimiento que inhabilitan la adjudicación del récord a los charrúas. Seguirán el protocolo de reclamo, y no dudarán en llegar a las más altas autoridades del prestigioso Instituto Guinness, de ser necesario. Del lado uruguayo, el silencio es casi absoluto.

El domingo pasado, en el marco de la Fiesta del Mate y la Torta Frita organizada por la Intendencia de Durazno en su ciudad capital (Durazno), miles de personas se congregaron en el Parque de la Hispanidad para seguir de cerca el singular acontecimiento gastronómico de elaborar la torta frita más grande del mundo. La masa con la que se produjo el alimento fue colocada sobre una malla de varillas, para luego ser elevada por una grúa del Ejercito, y ubicada en una sartén de más de cuatro metros de diámetro para ser fritada. Veinte minutos después, la torta de más de tres metros y medio de diámetro estaba pronta para la degustación de los asistentes al evento, que celebraban cómo este logro colocará a Durazno en el muy respetable libro de récords mundiales, junto a la persona que se comió la mayor cantidad de alfileres de gancho abiertos, a modo de ejemplo. Hasta aquí los hechos desprovistos de toda subjetividad. Sin embargo, las autoridades de la ciudad de Mercedes sostienen que, más allá del festejo uruguayo, el récord no debe ser validado por diferentes vicios en el procedimiento.

Consultado por nuestra agencia, el intendente de Mercedes Carlos Selva, señaló que el método utilizado por los uruguayos está “plagado de irregularidades”. Cuando se le pidió detalles, respondió: “por ejemplo, la harina. Todo el mundo sabe que una torta frita debe ser realizada con harina de una calidad no superior a los tres ceros. Pues bien, en las redes sociales abundan las fotos de la elaboración uruguaya, mostrando envases de harina de cuatro ceros, lo que es impresentable”, señaló. Tras una pequeña pausa, continuó exponiendo: “y la vergüenza nos invadió cuando vimos, también en fotos de Facebook, tarros de margarina junto a la sartén. ¡MARGARINA! Fritaron con margarina, no tienen perdón de Dios... Y todo esto sin considerar el ridículo de usar una grúa para colocar y sacar la torta. ¿Dónde se vio semejante tontería? Nosotros la pusimos y retiramos como corresponde a la manufactura natural, a pulso”, concluyó. Finalmente, Selva confirmó a nuestra agencia que presentarán la queja formalmente al Instituto Guinness la próxima semana.

De lado uruguayo, el hermetismo es casi total. Ninguno de los participantes quiso dar declaraciones sobre el tema, evidenciando una estrategia claramente definida. La única excepción fue la de Benjamín Irazábal, intendente de Durazno que solamente expresó: “por mí, que se presenten en La Haya... Si lo hacen, les avisamos que celulosa no le pusimos (risas)”.

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